El pasado 9 de noviembre disfrutamos de una experiencia de Ecoturismo llena de saberes ancestrales, encuentros con árboles centenarios y un saludable sendero respirando el aire puro de la Sierra.
La vida urbana, con su ritmo acelerado, nos ha hecho olvidar ciertos conocimientos, la capacidad de observación y el vínculo profundo que manteníamos con el medio natural. Durante esta salida, redescubrimos parte de esa conexión perdida: reconocimos plantas medicinales autóctonas de la Sierra de Aracena, observamos rastros de fauna —nidos de pájaros carpinteros, una pupa escondida entre hojas— y aprendimos sobre la vida silenciosa de los árboles, su modo de comunicarse y cooperar entre ellos.
Pero sobre todo, conocimos y sentimos a los Castaños. Estos árboles majestuosos, que habitan el corazón del Parque Natural y enamoran a quien los contempla, nos revelaron su historia y su íntima relación con el ser humano.
Agradecemos especialmente a Luis, que nos abrió las puertas de su finca para realizar una práctica de Conexión Arbórea y compartir con nosotros su labor, su esfuerzo y su compromiso como propietario de un maravilloso castañar. Gracias a personas como él, profundamente ligadas a la tierra y a los árboles, hoy podemos disfrutar de estos seres centenarios que aún nos regalan sombra, fruto y belleza.
La conexión con los castaños permitió al grupo —adultos y pequeños— sentir sin prisa, desde la conciencia y el respeto. Aprendimos sobre el cultivo pero también sobre la escucha, la presencia y el valor de lo que está vivo.
Fue, sin duda, una ruta que une ciencia y corazón, conocimiento y emoción, dejando una huella duradera en todos los que la compartimos.
🌰 Cuidamos lo que conocemos. Queremos que el castañar siga vivo, que podamos seguir disfrutando de estos árboles sabios y generosos.
















